2008

PRIMERAS VERSIONES CASTELLANAS DE LOS POEMAS DE WILLIAM SHAKESPEARE





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As a supplement to Ángel-Luis Pujante's article «Shakespeares's sonnets in Spanish: Rescuing the early verse translations» (1611, 3), the first translations of William Shakespeare's poems published in Spanish are reproduced below. Source: Shakespeare. Sonetos escogidos. Las primeras versiones castellanas, edited by Ángel-Luis Pujante (Nausícaä, 2009).

 

Translation by Matías de Velasco y Rojas (1889):

Sonnet 149

¿Por qué dices, crüel, que no te adoro,
cuando sin tregua tu sentir defiendo,
y por tu dulce amor estoy muriendo
y porque atiendas mi ansiedad te imploro?

A quien desdoras tú, tenaz desdoro;
a quien ofendes ciega, injusto ofendo;
si contra mí te enojas, sólo tiendo
a vencer tus enfados con mi lloro.

Pues tanto de tu bien mi afán se cuida,
pues tanto el corazón tu ley acata,
¿por qué la muerte darme y no la vida?

¡Ah! Lo adivino al fin, mujer ingrata:
a quien te paga mal, tu amor convida;
al que ciega por ti, tu amor maltrata.

 

Translation by William Macpherson (18...?):

Sonnet 111

Achaca de mi suerte a los rigores
y a la culpable Diosa que me guía
el tener que ganar la vida mía
del público apelando a los favores.

Hoy de la humillación los escozores
siento, manchada al ver mi nombradía:
ni como el tintorero evitaría
que tiñeran mis manos los colores.

Ten de mí compasión en mi amargura,
regenérame tú, mi dulce amigo,
y mejorar mi condición procura.

Yo vinagre a tomar de ti me obligo,
mas tenme compasión, que pronta cura
sólo con esa compasión consigo.

 

Translations by Miguel Antonio Caro (1891, 1892):

Sonnet 43

Miran acá y allá, durante el día,
mis ojos, aunque abiertos, distraídos;
ciérrolos, en tinieblas van perdidos,
y entonces ve más claro el alma mía.

¡Oh! Si es tu sombra resplandor que guía
entre el horror nocturno mis sentidos,
en plena luz los velos recogidos,
¡cómo tu realidad deslumbraría!

¡Ah! ¡Si hallarte lograse mi deseo
viva, en todo el fulgor de tu hermosura,
que a mi apagada vista así se ofrece!

El día es noche, porque no te veo,
y aurora es para mí la noche oscura,
porque en sueños tu imagen resplandece.


Sonnet 48

Cuando un viaje emprendí, bajo cerrojos,
para intacta en tu sitio hallarla un día,
puse aún la más pequeña prenda mía
al abrigo de pérfidos antojos.

¿Y qué joyas, qué espléndidos despojos,
con tu preciada fe compararía?
Tú, objeto de temor, ya de alegría,
expuesta quedas a profanos ojos.

Guardada no te tengo en arca alguna;
que tú puedes rehuir del pecho mío
mientras tu imagen vana en él adoro.

¡Temo, temo el limar de la importuna
tentación, y aun de amigos no me fío,
que a un santo hace pecar gentil tesoro!

 

Translations by Jaime Martí-Miquel (1895, 1896?):

Sonnet 24

Mis ojos, en artistas convertidos,
sobre mi corazón te han retratado:
marco es mi cuerpo, donde está encerrado
el cuadro que nos deja sorprendidos.

En el pintor, los rasgos atrevidos
del lienzo hay que mirar ya colocado
en una tienda, de la que han pasado
a ser cristales ojos tan queridos.

Los de los dos se ayudan mutuamente:
los míos te retratan, y en tus ojos
ventanas son donde entra el sol ardiente.

Pero ciencia le falta a mis antojos:
yo copio lo que veo solamente;
tú ocultas lo que a mí me causa enojos.


Sonnet 66

Cansado ya, la muerte sólo quiero,
viendo lo que aquí el mérito se presta,
y viendo a la miseria en son de fiesta,
y tenido por noble al trapacero;

escupido el honor, y el verdadero
hombre en quien la virtud se manifiesta,
sujeto a la ignorancia, tan funesta;
el mérito, el saber, ante el dinero;

amordazado el arte; la locura
insultando al talento, descocada;
cediendo la verdad a la impostura;

el Bien sirviendo al Mal... Mi alma cansada
buscaría la muerte en su amargura
si no me separase de mi amada.

Sonnet 75

Eres para el cuitado pensamiento
lo que es para los cuerpos el reposo,
lo que la lluvia al campo, y amoroso
quiero tu posesión con ardimento.

Tan pronto de la suerte me lamento
como se considero el más dichoso;
la soledad, contigo, es don precioso,
como lo es hacer público el contento.

Tan pronto tu mirada me enajena
como, si la retiras, me incomodo;
de ti viene mi bien, viene mi pena,

Mi alma de hartura o hambre, de igual modo,
es libre, aunque arrastrando una cadena,
y de todo carece y tiene todo.


Sonnet 87

Eres para mí un bien inmerecido;
conoces tu valor, y es excusado
decir que el compromiso antes creado
roto está, y la amistad que nos ha unido.

Derechos a ese bien nunca he tenido,
fuera de los que tú me habías dado;
ningún merecimiento me ha adornado
para gozar la dicha que he perdido.

Te entregaste a mi fe por ignorancia
de tu valor; hoy ves que no es pequeño,
y entre los dos agrandas la distancia.

Tu posesión ha sido como un sueño,
dulce sueño de gloria y de abundancia
que tiene el ser más pobre y más pequeño.


Sonnet 153

Cupido se durmió dejando a un lado
la antorcha, en sus rigores encendida,
cuyo fuego apagó Diana atrevida
en una fuente del undoso prado.

El frío manantial con el sagrado
fuego de ardiente amor hirvió en seguida,
quedando la corriente reducida
a un baño, de virtudes señalado.

Pero el niño en los ojos de mi bella
volvió a encender la antorcha decidido
para abrasar mi corazón con ella.

Buscando voy el baño, dolorido,
y creo que los ojos son de aquélla
donde encendió su tea el dios Cupido.


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